Por fin ha llegado el tan esperado día de Reyes, tanto por pequeños como por mayores, ya sea por ver la cara de los demás al recibir su regalo, ya sea por curiosidad por qué le van a regalar.
Este año me ha recordado a uno en que no pedí nada y obviamente no recibí nada que me hiciera una gran ilusión, en plan ¡lo que yo quería! No estoy descontenta con mis regalos, ni mucho menos, pero a veces tengo la impresión de que la gente no me conoce, aunque sea mi propia familia, porque no me regalan nada que yo no haya pedido y que me desencaje la cara de alegría. Y eso me hace sentir mal porque a la hora de comprar ese regalo pensaron en lo mucho que me podía gustar y después yo parezco no transmitir esa alegría.
Dejemos de ser desagradecidos, que no lo soy, y relataré la noche del día 5, cabalgata incluída.
Yo voy a ver la cabalgata porque si no después me siento culpable. Es como una tradición. Aunque cuando llegué a casa me dolían las rodillas una barbaridad de estar de pie todo el rato. Tampoco soy de comer caramelos, pero cuando veo que se arremolinan a mis pies me tengo que agachar a recogerlos. A mis pies solamente, y no como esa pureta que nos apartó de un empujón para coger caramelos que había más alante de nosotros.
Este año se han portado bien, han tirado monedas de chocolate y gummis envueltos en papel de caramelo con publicidad. A parte de eso, el resto se derretirá en algún tarro.
Por la noche, cuando me acosté, no tenía nada de sueño. Es lo que tiene levantarse a las tantas, que por la noche no duermes. También me había tomado un capuccino y estaba como un buho. Y empecé a pensar (después de haber acabado de leerme un libro que se llama Cómo ser una mujer y no morir en el intento) en que ahora que no somos niños, que no hay ningún niño pequeño en mi casa, me parece algo extraño que tengamos que regalarnos por reyes. Es decir, a mí me encanta regalar y también que me regalen, para qué nos vamos a engañar, pero no por obligación. Me gusta comprar un regalo en reyes cuando se exactamente lo que quiero comprar, pero no andar todo el día arriba y abajo buscando el regalo que me falta como si por poner algo de menos a alguien fuese a pasar algo. Pero es que en ese sentido soy muy perfeccionista.
Así que anoche, pensando en eso, me empecé a inquietar y a no poder dormir. A mí me habría gustado no poder dormir de la emoción, no de la preocupación por la indiferencia que me estaba entrando hacia ese día que siempre me ha encantado.
Y para colmo esta mañana me enfado por la forma que tienen de despertarme, porque la mitad de los regalos que tengo que colocar en el salón no están donde deberían estar, y porque mi madre me mete prisa preguntándome qué hago que no he colocado lo que falta. A punto estuve de sentarme en el baño y no salir, por lo mal que había empezado ya el día.
Luego se fue arreglando, hasta que vi que mi hermana tenía más cosas que yo, que yo tenía dos regalos repetidos y que dos de mis regalos eran cosas que yo no había pedido y que, realmente, tampoco me hacían falta. Me dio un bajón muy raro, y no me podía quejar porque tenía muchas cosas de las que había pedido y otras que no pero que me gustaron mucho (un TDT para mi habitación, ya no tendré que salir de allí para nada! :P) y mi madre se dio cuenta.
De nuevo como el año pasado, me sentí mal por no haber expresado lo agradecida que estaba lo suficientemente bien, pero siempre me pasa cuando veo que algunas cosas que me esperaba no me habían caído.
Pero es hora de ver la parte positiva del día:
Tengo lo que más falta me hacía, la funda para la guitarra, que estaba metida en una caja de cartón rota.
Tengo un TDT propio, soy una niña muy afortunada.
Tengo un regalo abierto, porque tengo que descambiar el libro repetido por otra cosa.
Tengo dinero, así que podre comprarme alguna cosa que no me han traído.
Tengo una camiseta y unas babuchas nuevas que, según yo, no me hacían falta, pero nunca esta mal tener algo de ropa diferente.
Tengo una palestina morada, color que no tenía en artículos para mi pescuezo.
Tengo un bolso exclusivo, algo parecido a esto, pero más bonito.
Tengo unas botas de andar por casa para los días más fríos y una bufanda a juego.
Así que, ¿qué más puedo pedir? Me ha encantado que a la gente le haya encantado mi regalo para ellos y no me puedo quejar de lo mío así que... misión cumplida, Reyes Magos.
Este año me ha recordado a uno en que no pedí nada y obviamente no recibí nada que me hiciera una gran ilusión, en plan ¡lo que yo quería! No estoy descontenta con mis regalos, ni mucho menos, pero a veces tengo la impresión de que la gente no me conoce, aunque sea mi propia familia, porque no me regalan nada que yo no haya pedido y que me desencaje la cara de alegría. Y eso me hace sentir mal porque a la hora de comprar ese regalo pensaron en lo mucho que me podía gustar y después yo parezco no transmitir esa alegría.
Dejemos de ser desagradecidos, que no lo soy, y relataré la noche del día 5, cabalgata incluída.
Yo voy a ver la cabalgata porque si no después me siento culpable. Es como una tradición. Aunque cuando llegué a casa me dolían las rodillas una barbaridad de estar de pie todo el rato. Tampoco soy de comer caramelos, pero cuando veo que se arremolinan a mis pies me tengo que agachar a recogerlos. A mis pies solamente, y no como esa pureta que nos apartó de un empujón para coger caramelos que había más alante de nosotros.
Este año se han portado bien, han tirado monedas de chocolate y gummis envueltos en papel de caramelo con publicidad. A parte de eso, el resto se derretirá en algún tarro.
Por la noche, cuando me acosté, no tenía nada de sueño. Es lo que tiene levantarse a las tantas, que por la noche no duermes. También me había tomado un capuccino y estaba como un buho. Y empecé a pensar (después de haber acabado de leerme un libro que se llama Cómo ser una mujer y no morir en el intento) en que ahora que no somos niños, que no hay ningún niño pequeño en mi casa, me parece algo extraño que tengamos que regalarnos por reyes. Es decir, a mí me encanta regalar y también que me regalen, para qué nos vamos a engañar, pero no por obligación. Me gusta comprar un regalo en reyes cuando se exactamente lo que quiero comprar, pero no andar todo el día arriba y abajo buscando el regalo que me falta como si por poner algo de menos a alguien fuese a pasar algo. Pero es que en ese sentido soy muy perfeccionista.
Así que anoche, pensando en eso, me empecé a inquietar y a no poder dormir. A mí me habría gustado no poder dormir de la emoción, no de la preocupación por la indiferencia que me estaba entrando hacia ese día que siempre me ha encantado.
Y para colmo esta mañana me enfado por la forma que tienen de despertarme, porque la mitad de los regalos que tengo que colocar en el salón no están donde deberían estar, y porque mi madre me mete prisa preguntándome qué hago que no he colocado lo que falta. A punto estuve de sentarme en el baño y no salir, por lo mal que había empezado ya el día.
Luego se fue arreglando, hasta que vi que mi hermana tenía más cosas que yo, que yo tenía dos regalos repetidos y que dos de mis regalos eran cosas que yo no había pedido y que, realmente, tampoco me hacían falta. Me dio un bajón muy raro, y no me podía quejar porque tenía muchas cosas de las que había pedido y otras que no pero que me gustaron mucho (un TDT para mi habitación, ya no tendré que salir de allí para nada! :P) y mi madre se dio cuenta.
De nuevo como el año pasado, me sentí mal por no haber expresado lo agradecida que estaba lo suficientemente bien, pero siempre me pasa cuando veo que algunas cosas que me esperaba no me habían caído.
Pero es hora de ver la parte positiva del día:
Tengo lo que más falta me hacía, la funda para la guitarra, que estaba metida en una caja de cartón rota.
Tengo un TDT propio, soy una niña muy afortunada.
Tengo un regalo abierto, porque tengo que descambiar el libro repetido por otra cosa.
Tengo dinero, así que podre comprarme alguna cosa que no me han traído.
Tengo una camiseta y unas babuchas nuevas que, según yo, no me hacían falta, pero nunca esta mal tener algo de ropa diferente.
Tengo una palestina morada, color que no tenía en artículos para mi pescuezo.
Tengo un bolso exclusivo, algo parecido a esto, pero más bonito.
Tengo unas botas de andar por casa para los días más fríos y una bufanda a juego.
Así que, ¿qué más puedo pedir? Me ha encantado que a la gente le haya encantado mi regalo para ellos y no me puedo quejar de lo mío así que... misión cumplida, Reyes Magos.

6 comentarios:
Tienes una cesta con un peluche y millones de chocolatinas y gomitas.
¡¡que se te olvidaba!!
Se van los Reyes y algun que otro numerito de mi cuenta corriente ¡que ruinaaaa! un beso
pues eso, no te quejes, menudos reyes magos!! jejeje
un besazooo
lo peor es cuando te regalan algo horrible, y te lo tienes que poner por lo menos una vez para que te lo vean... :S
p.d. quejicaaaa XDDDDDD
bssssisss
Yo te entiendo bien.
Cierto, tengo miles de chocolatinas y gomitas :D
Irene, yo me quejo de vicio pero hay veces que me quejo en serio :P
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